miércoles, 27 de octubre de 2010

‘Tabaco’ hizo de San José de Canalete una tierra de campeones

Por Orlando Javier Benítez Quintero
El hombre que ha sabido convertir a San José de Canalete en tierra de campeones tiene apodo de vicio, pero su única adicción es enseñar a los muchachos, de la tierra que lo adoptó, a tocar la gloria a punta de trompadas.
Miguel Antonio Álvarez Bolaños, más conocido como ‘Tabaco’, llegó a este corregimiento del municipio de Puerto Escondido, Córdoba, ubicado a orillas del Mar Caribe, en 1973. Se vino de su natal Chambacú, en Cartagena, a vivir con su madre, Teresa Bolaños. En ese pedazo de tierra se enamoró, formó una familia y también más de un buen peleador.
Los ‘Dinámicos del Ring’
En su cuerda, ‘Dinámicos del Ring’, se formó Miguel ‘El Huracán’ Barrera, ex campeón del mundo del peso paja; Ronald ‘El Indio’ Barrera, hermano del primero y quien ha tenido cinco oportunidades de coronarse como monarca minimosca. También Jorge ‘El Pipa’ Noriega, otro boxeador que estuvo a punto de acariciar una corona; Walter Estrada, Eugenio Oviedo Salas, Rafael Sáenz, Over Bolaños, Arnovis Castro y Enis Pacheco Barrera, de la dinastía Barrera, son algunos de los pupilos de ‘Tabaco’.
“Apenas llegué a San José de Canalete lo primero que busqué fue trabajar en lo que mejor sabía hacer, el boxeo. Reuní a unos 20 muchachos de allí mismo y empezamos a entrenar”, cuenta ‘Tabaco’ sentado en un rincón del coliseo Miguel ’Happy’ Lora, en Montería, donde hoy acostumbra a venir, pues hace parte del cuerpo técnico de la Liga de Boxeo de Córdoba, en la que le han reconocido su aporte al boxeo del departamento.
Siempre fue un aficionado

Miguel Antonio Álvarez Bolaños nunca fue un boxeador profesional, pero sí se montó a los encordados a temprana edad, incluso, antes de que se lo permitieran. “Empecé a practicar boxeo desde los 9 años, porque en mi barrio (Chambacú) no se respiraba otra cosa. Era la época de Rodrigo Valdez, Pedro Vanegas y ‘El Olímpico’ Pérez y muchos jóvenes querían llegar a ser como ellos”, relata.
Víctor Prieto, el mismo que estuvo en las equinas de los grandes boxeadores de Cartagena, fue su entrenador. La primera pelea oficial la hizo a los 14 años, por un peso que llamaban papel.
Solo fue boxeador aficionado. Realizó 43 peleas, ganó 32 y perdió 11. Colgó los guantes cuando apenas tenía 18 años, tras la separación de sus padres. Fue allí cuando se fue para Valledupar y terminó en San José de Canalete, Puerto Escondido.
Las claves del éxito
La responsabilidad, la humildad y el sacrificio, son para este trabajador del boxeo las claves del éxito y por ello siempre inculca estos valores a sus pupilos. “Mis boxeadores deben tener responsabilidad con el club, ser humildes en todo momento y sacrificarse mucho si es que quieren llegar a vivir de este deporte”, apunta Álvarez Bolaños.
Agradecido
‘Tabaco’ hizo parir campeones a San José de Canalete y a lo largo de 15 años fue casi nulo el apoyo que consiguió para su trabajo y para su club. “Ahora, en estos últimos años es que se me está remunerando mi trabajo, que por mucho tiempo lo hice gratis, por amor al boxeo”.
Pese a lo difícil de la situación, en las buenas y en las malas, allí siempre ha estado ‘Tabaco’, metido en el gimnasio, detrás de la esquina, descubriendo talentos y sacando del anonimato a un pueblo y a unos hombres que hoy le agradecen lo que son en el boxeo.
Dice que se siente un cordobés más y que San José de Canalete es su tierra. “Imagínate, ya hasta represento a Córdoba, he ganado campeonatos como entrenador con este departamento. Además, de aquí son mi esposa –Otilia Paredes Estrada- y mis seis hijos”, comenta sonriente.
Dice que hay muchas personas a quienes tiene que agradecerle porque le han ayudado a formarse como entrenador, pero destaca a Luis Levin Ford, presidente de la Liga de Boxeo de Córdoba; a Pedro Vanegas y a Over Vanegas, sus amigos de siempre.
La experiencia de muchos años en el boxeo le dan la autoridad para señalar que lastimosamente a Córdoba, en la actualidad, le hace falta u n ídolo y que la razón es que los boxeadores se están apresurando para dar el salto al profesionalismo. “No esperan acumular experiencia, sobre todo internacional, como aficionados, toman decisiones muy apresuradas y fracasan”.
Las enseñanzas de ‘Tabaco’ han sacado a varios hijos de San José de Canalete del anonimato, el mismo en el que él, humildemente, prefiere seguir forjando campeones.

miércoles, 13 de octubre de 2010

‘Cascarita’ rescató a un campeón y noqueó a la muerte

Por Orlando Benítez Quintero
“Tú quieres que tu hijo coma tierra como te tocó a tí, vamos párate de ahí, que tienes un empresa en esas manos”. Esas crudas palabras salvaron a un boxeador que luego besó la gloria al coronarse campeón mundial.
La frase es de Manuel Enrique Bustos o, más bien, de ‘Cascarita’, como todos lo llaman desde niño. El púgil caído era Cesar Canchila, quien el 26 de julio de 2008 -meses después de ese regaño- se coronó campeón mundial minimosca de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Ese resultado histórico de Canchila, ‘El Pollo de Cereté’, le dio la razón a ‘Cascarita’. “Yo creo que Canchila vive mejor hoy que cuando lo encontré tirado, desmotivado y no queriendo saber nada del boxeo”, afirma. El púgil se había desmotivado luego de una derrota contundente ante otro cordobés, el planetarricense, Michell Arango.
Este personaje, diminuto como su apodo, con tantas historias como golpes en la vida, es un deportista que ganó en el fútbol, saboreó el triunfo en los cuadriláteros y le ganó una batalla a la muerte.
“Nací pa’ futbolista”
Pero este maestro de la motivación llegó al boxeo luego de una incursión en el fútbol, deporte donde adquirió su apodo y en el que pensó llegaría a ser grande, pese a su estatura mínima. “Creo que yo nací pa’ futbolista, pero cuando empecé a ir a la cancha Santa Teresa, en Cereté, no me querían dejar jugar, por mi talla. Tenía 12 años y era muy bajito”.
Relata que era la época de los clásicos entre Santa Clara, su barrio, contra Santa Teresa y que tuvo la oportunidad de debutar en uno de esos clásicos. “Me metieron porque un jugador de su equipo se lesionó. No creían en este pelaito, pero entré y metí dos goles, los del empate, porque íbamos perdiendo 2-0”.
Seducidos por su agilidad y rapidez a ‘Cascarita’ lo fichó el equipo Hielo Cereté, uno de los grandes conjuntos de ese tiempo. Allí jugó entre los años 1964 y 1966. Fue llamado a selecciones Córdoba y su paso por el balompié tardó unos seis años.
Bueno con las trompadas
Aparte de las gambetas ‘Cascarita’ tenía un talento innato para la pelea. Más de un rival en la cancha probó su rápida pegada y un día se vio en un cuadrilátero dándole en la cara al hijo del dueño de los espectáculos boxísticos en Cereté.
“Milad Calume organizaba las reuniones boxísticas en la gallera Pico y Espuela de Cereté, todos los sábados. Una noche de esas él estaba en la puerta de la gallera y me dijo que si quería entrar gratis a ver el espectáculo, tenía que pelear con su hijo, Miladcito, como abrebocas a las peleas profesionales de fondo. Yo dije que listo ”, relata sonriente ‘Cascarita’.
Eso no fue problema para este personaje, quien sin saber mucho de técnica le dio una ‘paliza’ a su contendor, quien no tardó mucho en ponerse a llorar. “A los que hacían los abrebocas, el público les lanzaba monedas de a centavo y cuando Miladcito reventó en llanto, yo le decía que siguiera llorando pa’ yo agarrar las monedas que caían de todos lados”.
Ese es el abrebocas de su carrera boxística, que empezó oficialmente a sus 17 años, cuando debutó con triunfo en el boxeo aficionado en una pelea contra Emiro Martínez, otra vez en la gallera -esta vez, en serio-.
Realizó 30 peleas aficionadas, de las cuales 25 ganó por nocaut técnico y el resto por decisión. Como amateur no conoció la derrota. “Yo no tenía una pegada fuerte, mi principal cualidad era la rapidez y que me gustaba ir a la ‘zona de candela’. Todas mis peleas se resolvieron por decisión. Nunca tumbé a nadie”.
Así como en el fútbol ‘Cascarita’ integró selecciones Córdoba de Boxeo, equipos sin suerte que nunca pudieron cruzar los límites del departamento por falta de apoyo. “Había un equipazo con boxeadores de calidad como Francisco ‘Yata’ Durango, Bonifacio Ávila, Zenón Vellojín, entre otros. Esa situación me decepcionó”, dice.
Se quitó la careta
La frustración de no poder representar al departamento lo llevó a quitarse la careta de protección y a dar el salto al profesionalismo. En 1967 debutó en el coliseo de Montería enfrentando a Luis Zúñiga, en una pelea que él califica como la mejor de su carrera. “Le gané por decisión en seis asaltos y fue una gran pelea, tal vez la mejor que hice, pues Zúñiga era un gran peleador. Además, era mi primer combate profesional”, comenta ‘Cascarita’, quien asegura que esa fue la primera pelea profesional de la categoría minimosca que se efectuó en Montería. También se enfrentó a boxeadores como Eliseo Padilla, de Cartagena; al ecuatoriano Abdón Peralta, al panameño Ever Lot y al sucreño Carlos Osorio. Hizo 21 pleitos profesionales, ganó 14 por decisión y perdió 7. Se retiró en 1984.
El combate más grande
“La pelea más grande que tuve fue en el 2005. Fui operado de un cáncer de tercer grado en la próstata. De ese contendor tampoco me dejé, le gané y aquí estoy todavía dando lora.Habrá ‘Cascarita’ para rato”.
Dice que es un agradecido de la vida que le dio una segunda oportunidad y el privilegio de gozar del aprecio de la gente, de seguir enseñando y dando regaños que ayuden, ojalá a muchos, a ser campeones como el ‘Pollo de Cereté’.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Pedro Salgado, ‘Elegante’ en el ring y en la esquina

Por Orlando Benítez Quintero
Pedro Salgado Ayala, a quien por su estilo fino sobre el cuadrilátero apodaron ‘El Elegante’ se sentó en un escalón de las graderías del Coliseo Miguel ‘Happy’ Lora, el mismo que tuvo la suerte de inaugurar un 20 de enero de 1990 -no admite discusión- y empezó a hablar de algo que lo apasiona, que lo llena y que le duele: el boxeo.
‘El Elegante’ es un dedicado trabajador de este deporte que sacó del anonimato a Córdoba y a Montería, desde que sale el sol hasta el ocaso, y su experiencia como boxeador y entrenador le dan autoridad para aconsejar a los que quieren ser campeones y están bajo su tutela todas las tardes en el viejo gimnasio del coliseo.
Se ganó un cupo en el gimnasio
Nació y se crió en el barrio Nariño de Montería. Llegó al boxeo porque en su vecindario los muchachos no hacían otra cosa que admirar a Róbinson Pitalúa y Rumaldo Garcés, sus vecinos y las figuras de la época en la ciudad. Él no escapó a ese deseo de hacerse boxeador y lo alcanzó cuando tenía 13 años de edad.
"No era fácil, había que ir al Coliseo Mocho, lo que es ahora el ‘Happy Lora’, hacer un curso y presentar una prueba ante el profesor Mario León. Él veía cual de los muchachos, que llegaban por cientos, tenían las condiciones para entrenarse en el gimnasio", recuerda sin dejar de mencionar que él fue uno de los que clasificó al siguiente nivel para calzarse los guantes en serio. Entonces, empezó a entrenar bajo las órdenes del profesor León y de Pedro Vanegas en una cuerda que llevaba el nombre Alcaldía de Montería. Integró el Club Latinos, de Luis Zúñiga, pero al poco tiempo volvió a entrenar al coliseo bajo la órdenes de Vanegas y de su mentor, amigo y compañero, Rumaldo Garcés, quien para la época ya había colgado los guantes y empezaba a transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones de peleadores.
‘El Elegante’ se subió por primera vez a un cuadrilátero poco después de mostrar sus condiciones en los entrenamientos. "Fue en una velada que organizaron en el colegio Los Olivos, en el barrio La Pradera. Le gané por nocaut en el segundo asalto a Richard Montiel, un muchacho de aquí de Montería", recuerda.
Su peso era mosca o 51 kilográmos y su principal rival como amateur fue Juan Sánchez, con quien peleó siete veces y solo perdió en una oportunidad. También recuerda combates ante rivales como el cereteano Asdruval Velásquez y el monteriano Oswaldo Osorio.
En el boxeo aficionado hizo 56 peleas y perdió 8. Representó a Córdoba en un Campeonato Nacional Juvenil, en Caquetá, e integró una selección disidente de Córdoba que iba a participar en los Juegos Nacionales de 1988 en Montería y que al final de cuentas, los dirigentes no dejaron participar.

Debutó y estrenó el coliseo
Pedro ‘El Elegante’ Salgado dice con certeza que el fue el boxeador que inauguró el nuevo coliseo Miguel ‘Happy’ Lora. "Claro. Esa fue la noche del 20 de enero de 1990 cuando Amancio Castro Peleaba por título mundial en Montería, ese día yo debuté como profesional y fue la primera pelea que tiraron en esa cartelera. Entonces, yo fui el primero en estrenarlo", cuenta entre risas.
Esa noche un coliseo colmado de aficionados que esperaba el combate por título mundial de Amancio Castro, vio como ‘El Elegante Salgado le ganó por decisión en cuatro episodios a Edualdo Hernández.
Su carrera profesional fue corta, solo cinco años estuvo recorriendo escenarios boxísticos en Cartagena, Barranquilla, Valledupar, Sincelejo y Montería. Con peleas duras como la que perdió por decisión ante Francisco Álvarez, en 10 asaltos o la que le ganó en Montería a Antonio ‘El Mocho’ Montero.
Reconoce a Luis Levin Ford como su único empresario de su carrera boxística.
Después de 19 peleas, 16 victorias (10 nocauts) y tres derrotas, en el año de 1995 la ‘elegancia’ se bajó del ring. Pedro, aburrido por la desorganización, decidió no subirse más a los encordados, pero no se alejó del boxeo.

Pedro ‘El Elegante’ Salgado fue uno de los principales sparrings de Miguel ‘Happy’ Lora, ex campeón mundial de boxeo.

El entrenador
‘El Elegante’ no se fue muy lejos, se quedó en la esquina. Se convirtió en entrenador.
Se vinculó, en principio, a la empresa boxística de Emiro Bula, de Montería. Luego se fue para Bogotá a trabajar con la cuerda de los hermanos Gómez Hernández, entrenando a boxeadores de la talla de Joel Julio, William Morelo (Q.E.P.D), John Berrío, Jair Jiménez, Wilson Alcorro y Carlos Maussa. Tuvo la oportunidad de asistir a Jair Jiménez en la obtención de su Título Latino, en Miami, y en un combate mundialista, en Nicaragua, que perdió de forma polémica el púgil cordobés.
En la capital de Colombia estuvo 4 años y se vino para Montería cuando Luis Levin Ford fue nombrado presidente de la Liga de Boxeo de Córdoba.
Desde entonces hace parte del cuerpo técnico de la Liga y hoy tiene la responsabilidad de escoger, junto a Rumaldo Garcés, a los jóvenes que integran las selecciones Córdoba. En ese período vinculado al boxeo aficionado de su departamento ha conseguido tres títulos nacionales: el Campeonato Nacional Junior, dos veces, en 2005 y 2009, y el Campeonato Nacional Infantil, en 2010.
En esos seleccionados estuvieron peleadores de la talla de Óscar Negrete, máxima figura del boxeo amateur de Córdoba en la actualidad, y otros que ya son profesionales como Anuar Salas, Víctor Coronado y Jailer Berrío, entre otros.

Faltan ídolos
Para Pedro Salgado el boxeo de Córdoba siempre se destacará porque hay muchachos con muchas condiciones, pero reconoce que en este momento hace falta esa figura que inspire a los jóvenes y llene escenarios, como lo hacían Amancio Castro y el ‘Happy’ Lora. "Definitivamente nos hacen falta ídolos. Boxeadores grandes que llenen estadios, los podemos formar porque hay material humano, pero hace falta mucha disciplina y dedicación, dos características que tenían los boxeadores de antes", dice. ‘El Elegante’ asegura seguirá trabajando todos los días para encontrar a esa figura, para llegar a una Selección Colombia de Boxeo como entrenador y para cumplir el sueño de ganar un título mundial con uno de sus pupilos.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Amancio Castro, una 'locura' de boxeador

Por Orlando Benítez Quintero
¿Loco? Lo que sí parece descabellado es que un hombre haya tendido en la lona a cuatro campeones mundiales y nunca haya podido ser campeón.
Amancio Castro Padilla, ahora libra combates fuera de los cuadriláteros tratando de no doblegarse ante vicio. Él es el dueño de esa absurda marca que le impidió ser uno de los más grandes campeones de la historia del boxeo colombiano y mundial.
Sentado en una de las esquinas del coliseo que se llenaba para verlo batirse a trompadas y con una lucidez mental que desafía los males de su cabeza, relata parte de su historia llena de golpes de gloria y de muchas caídas.

‘Rocky’ Valdez y Monzón, tienen la culpa
El día que decidió ser boxeador Amancio tenía 16 años y trabajaba como ayudante de latonería en un taller que quedaba frente a la plaza Montería Moderno. Había conseguido trabajo en ese negocio luego de dejar su pueblo, Bajo del Limón, en Moñitos, un municipio de la costa de Córdoba, que lo vio nacer hace más de 50 años.
"Estábamos mirando en la televisión una pelea de dos grandes: Rodrigo ‘Rocky’ Valdez y Carlos Monzón y a mí me gustó ese espectáculo. Entonces dije que yo quería ser como ellos", recuerda Amancio.
Ese día le dijo a Frankie, la persona a la que le ayudaba en el taller de latonería, que necesitaba que le diera permiso para irse a las 4:00 de la tarde y no hubo problema. Amancio ya sabía dónde podía aprender a boxear. El combate entre ‘Rocky’ y Monzón fue un sábado y el lunes siguiente ya estaba practicando bajo las órdenes del profesor Manuel Álvarez, en el barrio Santa Fe, en el sur de Montería.
Recuerda que su primera pelea como aficionado fue en el colegio El Campano, de Montería, y que allí le ganó por nocaut en el segundo asalto a un boxeador al que le apodaban ‘El Goyo’.
Se ríe cuando a la mente se le viene una curiosa anécdota de esa primera vez en un cuadrilátero: "en esa pelea no me echaban agua, como hacen ahora, me exprimían una naranja dulce en la cara, cada vez que llegaba a la esquina".
Amancio, quien por su nombre nunca necesitó de remoquete, hizo 78 peleas como aficionado, 68 de esas ganadas por nocaut. recuerda con claridad que en 1978 representó a Córdoba en un campeonato nacional que se realizó en Quibdó y en esa oportunidad se tuvo que conformar con la medalla de plata al perder en la final con Cristóbal Torres. Al año siguiente -dice- se ‘sacó el clavo’ al obtener el título nacional en los 57 kilogramos, en Bucaramanga. El triunfo se le volvió a escapar en 1980, en San Andrés Islas, cuando perdió la de oro ante un bogotano, Zandalio Calderón.

Amancio Castro asegura que el apellido Castro, como el del dictador cubano, le cerró las puestas de un título mundial, pues los empresarios del boxeo eran cubanos y opositortes a Fidel.

Contra los grandes
En 1980 Amancio Castro dio el salto al profesionalismo. Empezó una carrera a lo grande  sin el brillo de una corona.
Un bolivarense fue el primero en probar su fuerte pegada. Recuerda que la pelea fue en el Coliseo ‘Mocho’, hoy Miguel ‘Happy’ Lora, donde se impuso a Amalio Salgado por nocaut en el cuarto acto.
En su mente está claro cada recuerdo de su carrera boxística y así va contando cada detalle. Después del debut en Montería, se enfrentó a Sergio Álvarez en la plaza de toros de Bucaramanga, a este retador lo ‘embistió’ y mandó a la lona en el décimo asalto. Después vino la disputa del título Centroamericano y del Caribe, que le ganó a Luis Godoy noqueándolo en tres asaltos en el coliseo Bernardo Caraballo, de Barranquilla. Ese mismo título lo defendió más adelante con éxito contra el cartagenero Eduardo Valdez.

Tumbó a Pambelé
Amancio Castro Padilla se enfrentó y puso en aprietos a Antonio Cervantes ‘Kid’ Pambelé. El pleito entre el cordobés y el palenquero -quien venía de ser campeón del mundo- se escenificó en la plaza de toros de Cartagena. "Lo tumbé dos veces, pero no lo pude noquear, él era la estrella del momento y después de round 12, le dieron la pelea por decisión". También asegura que Pambelé le metió los dedos enguantados en los ojos durante todo el combate.

Le ganó a los campeones
Después de alcanzar reconocimiento nacional, le llegó la hora de irse a Estados Unidos en busca de la gloria mundial y de entrada le tocó ‘bailar con la más fea’, ya que su primera pelea fue contra Jimmy Paul, campeón mundial del CMB, en un combate en el que no estaba en juego ningún título y más bien era de preparación para el norteamericano. La cosa no resultó tan amistosa porque Amancio, que siempre quería ganar, noqueó al gringo en el tercer asalto. Ese inesperado triunfo le dio la oportunidad de clasificar séptimo en el ranking CMB.
Luego se midió a Nick Parker, en Miami, a quien también le ganó por nocaut en el quinto episodio, triunfo que lo ubicó tercero en el ranking. Vino entonces una seguidilla de victorias ante Alfredo Layne, de Panamá, por decisión dividida después de 10 asaltos; y contra Billy Wooten, a quien venció por nocaut técnico en la séptima vuelta.

Título mundial en Montería
Amancio fue el primer boxeador cordobés en pelear por un título mundial en Montería. La oportunidad llegó ante el méxico-americano Mauricio Aceves y la pelea se hizo en el 'Coliseo Mocho' el 20 de enero de 1989.
"Yo nunca había visto el coliseo de bote en bote como ese día, las colas llegaban a la Olímpica y la boletería se había agotado un mes antes", dice ‘El Yata’ Durango, una vieja gloria del boxeo cordobés, que acompaña la charla con Amancio.
Esa noche a Castro Padilla se le escapó la gloria de las manos, pues el combate terminó empatado en 12 asaltos.
"Yo me caí en el último asalto y creo que por eso no me dieron la pelea", dice Amancio, quien también asegura cuenta que a la pérdida de la corona se suma la de unas novillas que unos hacendados le habían ofrecido si ganaba el título.
Tres meses después se hizo la pelea de revancha en Santa Ana, California. Allí Aceves, haciendo de local, le ganó por decisión unánime al morocho cordobés.
Pero allí no acabaron las oportunidades mundialistas. Amancio siguió combatiendo en Montería, Cartagena y Ciudad de México. Le ganó a Eder González y a Manuel Salas, en Montería; perdió con Rafael Pineda, en Cartagena, y con Carlos González, en México. Se quedó en ese país y allí volvió a ganar, noqueando en ocasiones consecutivas a Armando Juárez y a Albino Rosas. Se le presentó la oportunidad de viajar a Pretoria, Sudáfrica, a enfrentar al sudafricano Dingaan Thobela, quien le había arrebatado el título del mundo a Mauricio Aceves, sin embargo, la gloria le volvió a ser esquiva, al perder por decisión.
Luego vinieron altibajos, triunfos y derrotas entrelazadas, hasta que llegó la hora del retiro. El 26 de abril de 1994 peleó por última vez en Montería noqueando a César ‘Bebé’ Salas.
Dice que antes de su retiro le propusieron una pelea unificatoria de título ante Rafael Pineda, quien era el campeón de la FIB, por una bolsa millonaria y que no aceptó porque la condición era que se dejara tumbar. "Dije que no y me retiré", cuenta en rabioso aleteo de manos.
Este infortunado boxeador terminó su carrera con un récord de 41 peleas: 21 triunfos, 14 por nocaut, 17 derrotas y tres empates.

Preso, en posición de yoga en Corea
Seis meses estuvo Amancio Castro preso en Corea del Sur. El arresto se dio por una suplantación de identidad, un delito grave en el país oriental. "Resulta que fuimos a pelear a Corea, Joaquín Caraballo, Alberto Castro y este servidor y a Alberto lo pusieron a pelear con mi licencia y las autoridades coreanas se dieron cuenta de todo y terminé preso. Seis meses en posición yoga, hasta que la embajada de Colombia hizo lo posible y me libró de ese castigo".

El final
Amancio se dejó seducir por los vicios. Se perdió en las calles monterianas y terminó inexplicablemente desmovilizado como paramilitar. Hoy da muestras de superación y lucidez, mientras asiste a programas de rehabilitación. Vive en casa de una hermana en el barrio Santander y quiere que las autoridades le tiendan la mano para completar el tratamiento. Pide que lo ayuden a gestionar su pensión ante Coldeportes. Señala que está dispuesto a enseñar todo lo que sabe y a dejar de ser el loco que todos señalan en la calle.

jueves, 19 de agosto de 2010

'El Ñato', el duende del tablero

Por Orlando Javier Benítez Quintero
Parece un duende que se refugia tras la oscuridad y los números del tablero del estadio de béisbol 18 de Junio de Montería. Un hombre anónimo que hace visibles los resultados para los fanáticos de la pelota caliente que disfrutan en las graderías.
Para los que no saben, las bolas, los strikes, los outs, las carreras y todos los números blancos del viejo tablero no cambian solos y tampoco los manipula un sistema electrónico. Desde hace 27 años quien corre de un lado a otro y de arriba a abajo por el interior de la ya podrida estructura de madera, zinc y cemento es Luis Felipe Martínez Pimienta, más conocido como ‘El Ñato’, a quien nada más hay que ver para saber el por qué del apodo.
Un día dejó de corretear las bolas que superaban la cerca del estadio -su primer trabajo en el mundo del béisbol fue el de recoge bolas- se ganaba unos cuantos centavos por recuperar las esféricas. Se capacitó y rápidamente se hizo el tablerista oficial del máximo escenario del béisbol en Córdoba. Recuerda con especial aprecio a ‘El Curro’ García, quien es el responsable de que ‘El Ñato’ esté hoy sentado entre números, detrás de los jardines del estadio 18 de Junio. "Él era el presidente de la Liga de Béisbol de Córdoba y fue el que me permitió entrar a este tablero en el que llevo ya muchos años", dice agazapado en un rincón de la que es su casa cada vez que hay béisbol. Mientras no pierde detalle de las jugadas que se dan en el juego, este personaje no acepta dudas sobre su precisión a la hora de reportar las anotaciones y dice con autoridad: "yo no me equivoco. La experiencia no se improvisa".
Con la misma firmeza que defiende la fidelidad de los datos que cuelga en cada juego, ‘El Ñato’ manifiesta que no recuerda haber faltado a ningún partido de béisbol en el 18 de Junio, desde la fecha en la que se hizo tablerista.
Recuerda que la primera vez que se paró detrás de ese cuadro negro fue en un juego del béisbol departamental, cuando en Córdoba la pelota despertaba aún más pasión y cuando el estadio se llenaba hasta las banderas todos los fines de semana. Sin embargo, no puede acordarse con exactitud qué equipos se enfrentaron aquella tarde hace 27 años. "Es que esos domingos se jugaban varios partidos aquí en el estadio", dice queriendo justificar su olvido.
Describe su singular oficio como "muy complicado" porque "hay que correr de un lado a otro, ser preciso y saber de béisbol", señala. "Yo en realidad soy un auxiliar del anotador oficial e igual que él debo saber cuando la jugada es hit, cuando es error, estar pendiente cuando el árbitro canta bolas y strikes para seguir bien el conteo entre pitcher y bateador", cuenta ‘El Ñato’ sin dejar de indicar que lo más duro es llenar manualmente el resumen final, es decir, donde quedan consignados las estadísticas (hits, bolas, turnos al bate y demás). Para cumplir bien con su tarea maratónica requirió del apoyo de otras personas. "Antes yo tenía dos asistentes, pero la cosa se puso mala y ahora solo tengo uno". Habla de Gustavo Lara Martínez, su sobrino, quien lo acompaña desde hace 17 años en el tablero.
Afortunadamente, dice, "llevo el béisbol en la sangre" y como a cualquier aficionado lo emociona una buena jugada y celebra, allá donde nadie lo ve, cuando el equipo de casa gana o hace una buena jugada. También sufre cuando le toca colgar los datos de una derrota.
Recuerdos
Como tiene alma de aficionado dice que le gustan los Yankees de Nueva York y su razón es sencilla: "porque son los mejores". Pero así mismo recuerda novenas del béisbol doméstico como Cardenales, Universidad de Córdoba y Droguería Olímpica, de Lorica, según él, de los mejores equipos que jugaron en el béisbol departamental.
Sin embargo, el episodio más feliz que casi termina en tragedia familiar le ocurrió el 24 de Julio de 1988, cuando Córdoba le ganó la final nacional a Bolívar. "Eso fue muy emocionante había mucha gente aquí en el estadio, no cabía ni un alfiler. Todos saltamos, festejamos cuando se cogió el último out para que ganara Córdoba y fue tanta la emoción que a mi sobrino, que ya me estaba ayudando a anotar, estuvo a punto de darle un paro cardíaco", cuenta entre risas.
Así también rememora momentos y marcas históricas de las que ha sido testigo de primera mano. "Un norteamericano que jugaba para el equipo Café Universal, en el campeonato profesional, metió la bola hasta el tablero. Entró por el cuadro del sexto inning, fue algo impresionante, que nadie ha repetido. El jonrón más grande que he visto en mi vida", narra mostrando el lugar por donde entró esa bola como misil, la cual guarda con recelo en su casa.
Así también menciona los que para él han sido los mejores jugadores que ha visto en su estadio. Abel Leal, de Bolívar; los americanos Mike Chapenson y Van Hayen, y los venezolanos Juan Francia y Javier Colina, están en su ‘line up’ (nómina).
‘El Ñato’ dice que no está entrenando a nadie en el arte de manejar el tablero porque él todavía tiene cuerda para rato. Tampoco lo asusta la remodelación a la que será sometida su casa (el estadio), más bien lo emociona porque va a estrenar tablero.
Así como los duendes cuidan de los bosques, Luis Felipe Martínez Pimienta, cuida de los resultados en el tablero, detrás, también de los bosques (o jardines) del campo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La medalla de Nicanor Camacho está en el fondo del Sinú



-Camacho fue el primer campeón centroamericano de boxeo que tuvo Córdoba.

-A Nicanor Camacho lo pasearon en un carro de bomberos y le prometieron una casa y un trabajo que todavía espera.

Por Orlando Benítez Quintero
"¡Vamos, vamos, mete esa derecha bien, con ganas, no dobles el cuerpo, no pares!". Con la autoridad que le da haber sido un hombre golpeado por el boxeo, Nicanor Camacho Morelo, el primer campeón Centroamericano y del Caribe que tuvo el departamento de Córdoba, reparte indicaciones desde una orilla del ring del gimnasio del coliseo Miguel ‘Happy’ Lora.
Allí -donde él también se hizo peleador- está todas las tardes, más pesado, con la experiencia reflejada en sus canas y con muchas ganas de aconsejar a quienes persiguen la gloria en los cuadriláteros. "Yo les recomiendo cosas para que mejoren, si les gusta bien y si no también. Lo que pretendo es que no les falte un consejo en las derrotas, como me pasó a mí. A eso vengo todos los días", dice mientras sigue gritándole a Ever Bravo, una de las promesas del boxeo colombiano, quien se mueve frente al espejo.
En ese mismo lugar recuerda sus inicios en el barrio Sucre, la gloria de un paseo en la máquina de bomberos, las promesas que sigue esperando se cumplan y del triste final de su carrera.

Fritos por trompadas
Tenía 14 años de edad y trabajaba vendiendo las empanadas que su mamá hacía para sostener a su familia, cuando conoció a ‘Tico’ Correa, el único que tenía televisor en el barrio Sucre, de Montería, y quien terminó siendo el culpable de que el pequeño Nicanor fuera boxeador.
"Cuando yo regresaba del centro con los fritos que nunca terminaba de vender, ‘Tico’, quien era un aficionado al deporte, me decía que me compraba todo lo que me había sobrado con la condición de que me pusiera unos guantes, que él tenía, e hiciera sombra en unos espejos que había en su casa", cuenta alegremente Nicanor.
Aquello no le hacía mucha gracia a la vieja Faustina Morelo, su mamá, quien se las pillaba todas. Se daba cuenta que su hijo llegaba cansado y con uno que otro moretón, pero con la plata de los fritos completa.
"Me daba unas tundas, que pa’ qué te cuento. Afortunadamente estaba mi abuela, Dolores Flórez, quien me defendía", relata entre carcajadas.
Se cansó de que donde ‘Tico’ le dieran duro porque no sabía la técnica de boxeo, decidió tomar el tema en serio e irse a entrenar al coliseo, el mismo que hoy se llama Miguel ‘Happy’ Lora, por encima de la fuerte oposición de su mamá.
"Salía todas las tardes trotando desde mi casa hasta aquí (el coliseo) a ponerme a disposición de Mario León, Pedro Vanegas y Manuel Álvarez, quienes fueron mis primeros entrenadores", cuenta.

Golpes de oro y decepción
Con su técnica ya depurada, sus entrenadores decidieron echarlo a la arena para su primer combate como aficionado. Fue uno de los teloneros de una velada profesional en la que estuvieron estrellas de la época como ‘Barbulito’ Zuluaga. Esa fue una noche de 1970 y su rival César Sanez, perdió con él por decisión. Empezó con pie derecho una carrera trajinada pero corta, al final de cuentas.
Se hizo imbatible a nivel local, no había quien le ganara, tanto así que conquistó cinco veces el título departamental y representó a Córdoba en varios campeonatos nacionales en los que brilló con luz propia. Se coronó campeón de los medianos junior (69 kilogramos) en certámenes celebrados en Cartagena, Cali, Montería y San Andrés.
Luego de ganar su quinto cetro nacional en la isla de San Andrés, lo llamaron para que hiciera parte de la Selección Colombia de Boxeo, que afrontaría varios compromisos importantes, entre ellos, los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se realizarían a mediados de 1975 en Ciudad de Guatemala.
No tuvo problemas para superar a rivales guatemaltecos, panameños y cubanos, para llegar a la gran final contra el puertorriqueño José Cruz, a quien superó 5-4 bañándose de gloria y colgándose una medalla de oro inolvidable pero olvidada, la primera de un púgil nacido en las tierras sinuanas en un certamen Centroamericano y del Caribe, la misma que hoy reposa en algún lugar del fondo del río Sinú, lanzada por Nicanor en un momento de desesperanza posterior.
Llegó a Montería, lo pasearon por las calles sobre una máquina de bomberos y el Alcalde en ese entonces de apellido Guzmán Padrón –según él mismo recuerda- le prometió una casa y un trabajo. "Todavía los estoy esperando", dice. Por ello reconoce que se volvió un resentido con la dirigencia de este departamento. "No le creo a nadie porque todavía, 35 años después, vivo pagando arriendo", dice sin esconder su rabia.
Luego del título en Guatemala fue preseleccionado para el equipo colombiano que buscaría un cupo para los Juegos Olímpicos, pero antes de decidirse a seguir el sueño olímpico, sucumbió ante la tentación del dinero. "Me pusieron sobre la mesa 50 mil pesos, un motón de plata en ese tiempo, para que diera el salto al profesionalismo y no me resistí a la oferta", explica.
Hizo en su carrera como amateur 265 peleas, recorrió buena parte de Centroamérica y el Caribe, participando en Campeonatos como el de Córdoba-Cardín y Cienfuegos, en Cuba; y otros torneos internacionales en Panamá, Venezuela y Puerto Rico.

No soportó la derrota
Luego vino una corta incursión de Nicanor al boxeo profesional, realizó 26 peleas, con 21 nocauts, un empate y tres derrotas, las mismas que no soportó y lo llevaron a su prematuro retiro.
Debutó enfrentando a Adalberto Vanegas, en Montería y ganó por decisión en 15 asaltos. Después enfrentó a ‘El Rudo’ Arias, un nicaragüense al que venció en su ciudad natal. También se enfrentó al dominicano Jesús ‘Pecho’ Castro, a quien despojó del título Centroamericano.
Estuvo ranqueado entre los primeros de la Asociación y del Consejo Mundial de Boxeo y fue allí cuando tuvo la oportunidad de irse al exterior por una pelea clasificatoria contra el tejano Tony Ayala a quien dice: "le metí una paliza, pero fue a él a quien le levantaron la mano". Vino luego otro revés contra ‘El Cabezón’ Gómez, en Puerto Rico, pero pudo levantar la cabeza y volver a estar clasificado cuando meses más tarde le ganó por nocaut a Gutiérrez -no recuerda el nombre- un púgil norteamericano.
Entonces vino otra oportunidad de una pelea clasificatoria, fue en Sudáfrica, ante Charles Weiss, quien lo derrotó por decisión y acabó con su carrera en el acto.
"Tenía unos 30 años y no soporté las derrotas, no hubo nadie que me dijera que aún tenía condiciones para seguir. Hoy, sé que las tenía", explica nostálgico Nicanor.
Con la plata que se ganó compró una volqueta y con ella pudo seguir sosteniendo a sus seis hijos, dos de los cuales siguen sus pasos en el boxeo.
Cuenta que hubo momentos de desespero y crisis como la del día en que se cansó de esperar que lo premiaran por sus logros. Cogió la caja donde guardaba la medalla centroamericana y sus trofeos, se paró en el centro del puente metálico y los tiró. "Casi me tiro yo, pero recapacité y afortunadamente mi familia me tendió la mano".
Esta tarde está en el lugar de siempre, el gimnasio del coliseo donde pulió su potente pegada, allí sentado en una banca sigue esperando la casa y el trabajo prometido.